Fotografía instantánea

29 junio 2009

Tu espalda me quema los dedos.
Estás tumbada, boca abajo,
La cabeza vuelta hacia un lado
Y tu muñeca izquierda,
Negligente, laxa,
Apenas besa tu frente
Mientras la mano se te cierra
En una dulce, sutilísima contracción.
El otro brazo descansa de cualquier modo.
La noche de tus cabellos
Cubre con su manto
Tus hombros y tus omóplatos,
Y yo sólo pienso en morir
Abrasado sobre cada una de tus vértebras.
No te gires, ¡por favor, no te gires!
No des la vuelta.
Si me miraras, si tus ojos de niña
Chocaran con mi voraz pupila de sucio poeta,
Bastaría una única milésima de segundo
Para que el cristal de tu inocencia
Fuera traspasado por el dolor
Que le produciría el aguijón sórdido
De mi insano instinto.
No te gires, te digo.
No quiero ver tus pómulos,
Tu nariz pequeña, casi ausente,
El dulce mentón que sostiene tus labios aún puros.
No me muestres nunca tu garganta ni tu frente limpia,
No me permitas ver la forma de tus hombros delgados y suaves,
La redondez de tus pechos pequeños,
La curva sinuosa de tu cuello
Ni tu blanca pelvis.
Mejor será que jamás palpe mi mirada
La tersura de tu vientre,
Mejor será que mis dedos
No exploren nunca tu ombligo
Ni el suave vello que abriga
La delicada pendiente hacia la que descienden
Tus caderas firmes, esbeltas y todavía dóciles.
Ya ves que sólo me basta
Sentir el calor de tu espalda
Para imaginarme el resto de ti,
Que únicamente necesito
Posar las llemas de mis dedos
Sobre las perlas que hay bajo tu piel
Para quererte sin siquiera conocerte,
Para saber que existes
Aun a pesar de que sólo te hallas
Acostada boca abajo
En el lecho de mi mente.
Desde siempre, ríos de roja sangre,
De tu sangre misma,
Han apagado la sed
De un deseo que sólo existe tras mi coraza.
Ya lo sabes: no es necesario
Que enfrentes tu mirada con la mía.
¡No quiero verte entera!
Déjame que siga soñando
Que estarás siempre ahí,
Como dormida o como ausente,
Mientras yo sigo creyendo ser
El niño que espera
Y que no quiere crecer.
Permíteme, muchacha inexistente más allá de mi piel,
Que siga creyendo que puedo
Acariciarte la espalda
Mil veces antes de perecer.

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One Response to “Fotografía instantánea”

  1. Milo Says:

    Me ha gustado este poema. Igualmente me declaro esclavo y admirador de la fémina espalda que tanto nos embelasa e hipnotiza. Te felicito tu poesía me sabe refrescante. Saludos.

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