Definición de vacío

6 julio 2009

El vacío se puede medir por minutos, por horas, semanas o incluso por vidas. El vacío se siente en los huesos, en los dedos al escribir, en un corazón que no sangra y en la fría humedad de la rutina.
El vacío, también, pesa. Se instala sobre los hombros de tu alegría y la desloma, impidiéndole caminar y saltar como hiciera antes de su inoportuna llegada.
Es una epidemia que nace en el alma y se expande por todos los continentes del ser. Mejor, una pandemia. Sí, una pandemia mortífera y agorera que anuncia muerte por doquier en todas las tierras que forman el frágil planeta a la deriva que es el ser humano.
Qué ingenuo es el diccionario cuando define vacío como espacio carente de materia. ¿O es que acaso el diccionario no ha sentido nunca la infelicidad? Pareciera que sus páginas no albergan palabras como angustia, abismo, oscuridad…
Si te ataca la enfermedad del vacío, amigo, estás perdido. Se siente un horrible frío, se oye un viento fantasmal que bate con fuerza los cristales de la ilusión, tus sentimientos más sublimes dan por hecho que habrán de disponerse a dormir en profundo letargo, y de pronto descubres, si miras atrás, que ya no tienes alas.
El vacío se parece sospechosamente a una mancha de moho en la pared, al olor de la comida putrefacta, a la ausencia del ser amado, a los días que son iguales unos a otros, a sentir cómo el tiempo se escapa entre los dedos, a unas manos frías, a la indiferencia, al hastío de una mirada perdida y una mueca torcida, a los síntomas premonitorios de una enfermedad terminal, a no poder acariciar la luna que se quiebra en mil pedazos dentro del agua, al mar que puedo imaginar pero no ver ni escuchar, a los besos que no puedes dar ni te quieren entregar, a no saber pedir una caricia, a un cuerpo que recibe rígido un abrazo que pretendía ser cálido, a no ser capaz de escribir. A no ser capaz de sentir.
A todos nos ataca esta enfermedad de la tristeza huera. Su mugre no distingue entre sexos ni edades. El vacío es un maldito derecho universal que Dios nos regaló al nacer para que comprendiéramos que el libre albedrío sólo consigue hacernos aún más débiles de lo que somos.
Venimos del vacío, al vacío vamos y éste nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Por tanto, infructuoso es intentar siquiera escapar. Sólo unos pocos afortunados, una elite de soñadores, de personas vivas y llenas de suaves ilusiones, pueden esquivar aunque sea momentáneamente la pestilencia del vacío.
Sin embargo, ¡ay!, tarde o temprano nos acabará por invadir a todos, incluidos esos ingenuos que bailan, con lafe como pareja, la coreografía de las esperanzas presentes y futuras. Vacíos venimos a este mundo molesto, vacíos nos despedimos de la vida, y es por ello que el vacío es nuestro estado natural inherente. Quien diga o piense lo contrario, que mire dentro de sí mismo con mirada limpia y sincera, como de niño.

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One Response to “Definición de vacío”

  1. Milo Says:

    Ciertamente somos inherentes al vacío y a la soledad, aun estando acompañados de vez en cuando nos dan una visita.

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