Revelación

27 julio 2009

Sísifo se sentía cansado. Cuando aún le faltaban más de dos tercios del camino, montaña arriba, hasta llegar a la cima, decidió parar por un momento.
Por primera vez en miles de años, Sísifo detuvo su ascenso, arrojó con desdén la enorme piedra, se sentó y se puso a pensar sobre lo absurdo de su infinito periplo.

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