(sin titulo, en señal de humildad)

30 julio 2009

Basado en el microcuento Sola y su alma, de Thomas Bailey Aldrich, publicado en 1912 y extraído de http://alexjesus.wordpress.com/2009/07/28/sola-y-su-alma/

Los nudillos de su mano derecha, ligeramente crispada, chocan suavemente contra la madera desvaída cuando llama a la puerta. Hace calor y, en torno a la baja casa de ladrillo y cal, sólo existe ya la soledad. Todos han muerto. Un olor inerte flota en el aire. Dentro de la casa, los sorprendidos ojos de una mujer anciana moldean una suave interrogante.

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7 Responses to “(sin titulo, en señal de humildad)”

  1. Alex Says:

    Hola Jorge, ¿qué tal?
    Veo en un principio tres cosas (pienso mientras escribo). Primero, el estrecho diálogo que logras con Sola y su alma; incluso si no hubieras introducido tu relato, me habría traído a la mente el microcuento de Bailey. Un logro intertextual. Segundo, el microcuento se sostiene por sí solo, sin la necesidad de un acontecimiento anterior, dejando, como en Sola y su alma, ese efecto de incertidumbre al principio y al final. Un logro estructural. Por último, noto que rescatas tu lectura de Odiseo, la que en lo personal me gustó mucho, y que puede dar un indicio de lo que puede suceder después: la revelación de Odiseo ante Penélope. Un logro hermenéutico.
    Creo que podrías cambiar tu humildad por diálogo y titular tu microcuento, a fin de entregar una información que ayude al lector a encontrar la intertextualidad de tu texto, o bien, a encontrar su relación con Odiseo y Penélope (que también es intertextual); con el diálogo de ambas fuentes: lo clásico y lo moderno.
    Jorge, espero que continuemos el diálogo. Me di una vuelta por tu blog y está muy bueno e interesante, así que te haré una solicitud para agregarlo como enlace.
    Felicitaciones.

    • Jorge Says:

      Soy, estimado amigo en los textos compartidos, una persona de talla pequeña y complexión más bien mediocre, por lo que cada elogio que haces a mi relato, por sí mismo, no cabe en mí. ¡Imagínate uno sobre otro!
      Te agradezco muchísimo las molestias que te has tomado en reflexionar sobre mi cuento, así como la precisión que has puesto en cada palabra. Lo cierto es que vengo siguiendo tu blog desde el primer día en que abrí el mío propio, pero nunca me animé a comentar porque cada pieza que sugieres en tu página me desborda y me mantiene reflexivo, sin mucha capacidad de reacción. Estoy suscrito a La antigüedad de los días desde que abrí mi rincón aquí, y es por ello que tu solicitud para agregarme como enlace es un placer para mí. Yo, si no tienes inconveniente, pondré tu blog en mi índice de recomendaciones.
      Me plantearé seriamente la posibilidad de cambiar el título a mi microcuento, aunque ahora mismo, sin embargo, no logro las palabras adecuadas.
      Ahí vi a Odiseo y a Penélope a través de los siglos, aunque mi verdadero fetiche es -seamos sinceros- Sísifo. Tengo un pequeño relato centrado en su figura como alegoría (y admiración) de aquellos que logran alcanzar la revelación de su absurda existencia, y no sólo percatarse de esta verdad horrenda, sino que también son capaces de liberarse de las cadenas de la rutina yerma.
      Te invito a leerlo en https://dedalosinalas.wordpress.com/2009/07/27/revelacion/


  2. […] se cruzan y dialogan. Incluso él mismo creó un notable microcuento a partir de Sola y su alma: https://dedalosinalas.wordpress.com/2009/07/30/sin-titulo-en-senal-de-humildad/ Lo que me hace recrdar el diálogo que José de la Colina establece con Augusto Monterroso: la […]

  3. Alex Says:

    Tu cuento me recordó un diálogo muy interesante que José de la Colina hace con El dinosaurio de Monterroso. Te invito a pasar por mi bitácora (alexjesus.wordpress.com) por si quieres echarle un vitazo.

  4. Alex Says:

    Siempre me pregunté porqué Sísifo no hacía justamente lo que tú indicas: despertar de ese sopor. Porque él no está obligado a padecer. No está encadenado como Prometeo, quien espera que el águila devore su hígado día tras día; ni como Tántalo, sumergido en el lago intentando alcanzar algún esquivo fruto de los árboles. Y dejas una pregunta profunda: y ahora que conozco este sinsentido, ¿qué hacer? Y suena entonces el grito existencial. Y vuelve Nietzsche con su “occidente está enfermo de sentido”. Porque también eso es lo que graficas. Sísifo (el ser humano), comprende el sinsentido de su existencia, y se sumerje en el vertigo de aquella reflexión -profunda y tormentosa- que entregue una razón que le permita seguir viviendo.
    Jorge, amigo, es un orgullo que agregues mi bitácora como enlace. Leí la presentación que hiciste de ella y me alegra que compartas el sentido de que somos eternos lectores. En lo personal, escribo poco (pero sí lo hago en mi trabajo, y mucho)… me gusta estar del otro lado.
    Contestaré pronto a tu lectura en mi blog. Creo que mañana será un buen día.
    Saludos, amigo.

    • Jorge Says:

      Creo que sí, que es cierto eso que dices de que Sísifo “no está condenado a padecer”. Al menos no a padecer sufrimientos del alma. Por doquier encontramos Sísifos indolentes que viven en la bendita analgesia del no-sufrir y del no experimentar la angustia vital, Sísifos inconscientes y hedonistas que disfrutan de cada segundo de sus vidas superficiales. En el fondo son dignos de envidia, porque ellos no han despertado ni han visto los abismos.
      No se me había ocurrido pensar que Sísifo no sufre, al menos en términos espirituales. Sin embargo, algo había intuído, puesto que la parada que, en mi relato, hace a mitad de su trayecto no está motivada por el cansancio, el dolor en las articulaciones o la frustración, sino que más bien se justifican por un repentino (quizá latente desde siempre pero no experimentado hasta ahora) arranque de perplejidad.
      Gracias por hacérmelo descubrir.


  5. […] se cruzan y dialogan. Incluso él mismo creó un notable microcuento a partir de Sola y su alma: https://dedalosinalas.wordpress.com/2009/07/30/sin-titulo-en-senal-de-humildad/ Lo que me hace recordar el diálogo que José de la Colina establece con Augusto Monterroso: la […]

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