El faro

1 agosto 2009

Hay un faro, alto y majestuoso, en algún acantilado junto al mar. Las olas negras golpean su base, y el viento azota su cúspide, ya apagada con el correr de los años. En otro tiempo, el faro estuvo vivo. Ahora, sin embargo, reposa su muerte junto a la orilla inhóspita. Cuando los barcos aún confiaban en su luz, las gaviotas veneraban en pleno vuelo la enhiesta construcción. Los atardeceres, empecinados en su cíclica terquedad, se multiplicaban alrededor de la torre, y competían en belleza y orgullo con los amaneceres celosos y obstinados. Los marineros apátridas recién llegados rendían pleitesía a tan señorial monumento a la lucidez, y muchachas de blanca cintura y pies desnudos se sentaban cerca de su esplendoroso perímetro, orbitando como coquetos planetas de melenas rizadas y ojos chispeantes.
Pero llegó el tiempo de las hambrunas y de los mares yermos, y ya no arribaron a puerto naves cargadas de víveres y de leyendas ultramarinas. Ya no hubo jovencitas en flor felices y bulliciosas junto al faro, y ya la luz que habitaba en la cima del augusto monumento dejó de irradiar para siempre jamás.
Y lo más extraño es que todo ocurrió de golpe, en un abrir y cerrar de ojos. La pobreza y las enfermedades llegaron una tarde cualquiera, que mucho después se supo que era precisamente la tarde en la que el escritor no fue capaz de concluir, ni entonces ni nunca más, aquel relato sobre un faro alto y majestuoso, en algún acantilado junto al mar.

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2 Responses to “El faro”

  1. Lidia Says:

    Los personajes languidecen cuando el autor los olvida… me gusta el concepto. Como siempre, un placer leerte. Saludos desde una tierra de faros y olas (a veces) negras.

    • Jorge Says:

      Al igual que los personajes de un escritor, también languidecen las relaciones humanas, los sueños, los deseos y las voluntades si uno va aparcando todo en la orilla destinada a las cosas pendientes de hacer o de cuidar. Como mi viaje a la Costa da Morte, uno de esos planes infinitos y siempre pospuestos.
      Quizá este otoño pueda ir. Quizá, siempre quizá…

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