La palabra esquiva

6 agosto 2009

Érase un escritor con amnesia selectiva. Siempre se le olvidaba la palabra seducción.

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5 Responses to “La palabra esquiva”

  1. Ernesto Cisneros-Rivera Says:

    Jorge:

    La palabra esquiva, la amnesia selectiva, pueden ser oportunas o útiles… lo dramático es cuando son todas las palabras las que nos esquivan y cuando la amnesia se vuelve general. Es la peor pesadilla del escritor. Al contrario de en la música, el silencio en la escritura no es positiva.

    Hermoso microrrelato, amigo.

    Te dejo un gran abrazo.

    • Jorge Says:

      Querido Ernesto:
      Me has dejado en ascuas -como decimos en España para mostrar la suspensión expectante del ánimo ante la incertidumbre- con esa afirmación tuya de que la palabra esquiva y la amnesia selectiva pueden ser útiles en ciertas ocasiones. Yo, a priori, las contemplo como un pequeño drama personal, tanto real como simbólico de ciertas carencias que detecto en mí. Es por ello que te pediría encarecidamente que desarrolles esa idea, bien por aquí o bien a través de nuestro productivo intercambio de correos electrónicos, pues me atrae en gran manera la posibilidad de ver este asunto desde una perspectiva menos determinista y más optimista que la mía.

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        En México, también usamos esa expresión de “en ascuas”, jeje. En lo que estaba pensando, cuando escribí sobre la posible utilidad de la amnesia selectiva y la palabra esquiva, era en la parte emocionalmente terapéutica que esto puede conllevar. Hay memorias que de tan duras o dolorosas, en tanto se superan, siempre es reconfortante olvidar por algún tiempo; y las palabras que de modo inevitable nos esquivan, son palabras que no deben salir de nuestra boca o nuestra pluma, bien porque no es el tiempo de sacarlas a la luz, bien porque pueden dañar y dañarnos de vuelta, bien porque pueden ser semillas buenas que caerán entre piedras.

        Te amplío la idea con otros detalles vía correo electrónico, amigo.

      • Jorge Says:

        Ahá, estoy de acuerdo, sí. Ciertamente hay algunos olvidos que son puro bálsamo. Sin embargo, toda amnesia (aunque sea terapéutica y bienintencionada) lleva consigo, según estimo, la sombra de una hipotética represión. El cerebro o el alma o lo que sea olvida para no sufrir o para no suicidarse, y así puede sobrellevar la vida, pero también al mismo tiempo está reprimiendo algo que, tarde o temprano, acabará explotando, no siempre de la manera más adecuada posible. Asimismo, el no recordar es un posponer los problemas, un no enfrentarse valientemente a la realidad y un no querer sufrir, cuando de sobra es sabido que el sufrimiento es una vía para alcanzar la madurez, el autoconocimiento y hasta cierto grado de dignidad -si se es creyente en la fe católica-, así que quien olvida inconsciente o conscientemente se está escamoteando, a la vez, la posibilidad de crecer y de hacerse más fuerte.
        El escritor amnésico de mi relato padece de una represión casi universal que alcanza a todas las parcelas de su yo, así que es un hombre incompleto, incognoscible para sí mismo puesto que se oculta su lado oscuro mintiéndose descaradamente. Es un pobre hombre digno de lástima, pues nada más triste que una persona que reniega de sí misma abdicando de una parte entera y grande de su propia personalidad. Además es cobarde y poco dado a la lucha audaz contra sí mismo. Está acomodado en una visión azucarada de su persona y es, por tanto, el escritor más desdichado de todos, pues por no conocerse no merece siquiera el nombre de escritor.
        Me quedo en ascuas permanentes hasta la llegada de tu correo electrónico, amigo Ernesto.

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        Completa razón en lo que discurres, Jorge. No hay nada que supla el enfrentar los demonios propios, conocerlos, manejarlos y aprender a lidiar de manera cuerda y sana con ellos, sino es que a eliminarlos de raíz madurando.

        Pienso que una vía de subsanar esos demonios es convertirlos en algo positivo, creativo, como las artes, la literatura. Desde luego que la amnesia, sea cual fuese su presentación, nunca reemplazará a la libertad que da el conocimiento y el reconocimiento (me refiero a la aceptación de lo que se es, lo que se posee y de lo que se adolece).

        El correo te lo he enviado a la par que publiqué mi comentario anterior. Espero que ya lo hayas podido leer.

        Abrazo, amigo.

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