El problema

8 agosto 2009

El auténtico problema, y puede que el único o, en todo caso, el que más preocupaba a los pocos hombres y mujeres que sobrevivieron al holocausto nuclear, era cómo evitarían sucumbir a la próxima guerra, que irremediablemente llegaría en cuanto la escasa población humana superviviente volviera a organizarse en sociedad.

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12 Responses to “El problema”

  1. Any Says:

    El truco está en dejar crecer a la población de nuevo, que se confíen… La guerra llegará cuando nadie la espere para causar más daños, más bajas, más dolor… Es inevitable…

    Biquiños.

    • Jorge Says:

      Es como un péndulo macabro, ¿verdad? Seguramente alguien nos acusará de deterministas, pero hasta que no me muestren un mejor argumento y un mejor truco que los que me propones, seguiré dejándome hundir en el determinismo catastrofista, pese a quien pese.

  2. Ernesto Cisneros-Rivera Says:

    Sobre todo, si la sociedad se reconstituye para surgir con la misma forma. No olvidar, mi querido Jorge, que el hombre es el único animal (con todo y su racionalidad) que se tropieza dos veces con la misma piedra.

    Yo no creo que se trate de determinismo catastrófico (bien sabes que compartimos la misma visión), sino de un grito de rebeldía, indignación y alerta ante la peor época (de toda la historia de la humanidad) que nos está tocando vivir.

    Te abrazo muy fuerte.

  3. igrb Says:

    Muy bueno…y con mucha razón…

    Iba a decir lo mismo que ha dicho Ernesto, el problema es cuando la sociedad se reconstruye con la misma forma, y volviendo a cometer errores del pasado…

    A veces siento como si el ser humano no aprendiese…ni siquiera escarmentase…

    • Jorge Says:

      Es un misterio. Imagino que cada generación necesita equivocarse por sí misma para madurar. Que, como dicen, nadie escarmienta en cabeza ajena, y que es nuestro instinto el lanzarnos al vacío aunque otros ya nos hayan advertido que nos vamos a dar de bruces, pues nos puede más el deseo de pasar por la experiencia que la mesura y el sentido común. Supongo que será algo genético y un poco de falta de valores y de objetivos claros a la hora de saber qué mundo queremos.

  4. Alex Says:

    Me subiré a la conversación por la parte trasera del bus o de la micro, como le llamamos acá en Chile.
    Creo que el error está en que la destrucción nunca ha sido total. Me explico. Al término de la catastrofe, inevitablemente hay vencedores y vencidos, grupos que quedan arriba y otros que terminan abajo; y es a partir de ese modelo que se vuelve a reconstruir la sociedad. Es igual que un edificio al que la fuerza de la destrucción nunca acaba con sus cimientos, sino que permite reconstruir uno y más pisos sobre la antigua base. He ahí el concepto de destrucción al que aludía Nietzsche. Esa necesidad ontológica de acabar con la sociedad desde sus bases a fin de que de las cenizas surja el nuevo hombre. Y no es menor que sean cenizas: el polvo de la destrucción. En este sentido, no solo somos parte del debate en torno al sistema social, sino que también somos culpables de que continúe existiendo. Cumplimos con nuestros impuestos. Cumplimos con nuestro deber cívico democrático (por convención, el mejor sistema). Seguimos procreando y entramos a conciencia en el engranaje del sistema para dar una “buena calidad de vida” a nuestra desendencia. Y así continúa el círculo infinito. Amigos, creo que tendremos que seguir en espera del aleteo de una mariposa.

    Jorge, perdón por no contestar antes, pero soy parte de este sistema en un país tercermundista, lo que conlleva una gran limitación de mi tiempo y existencia.
    Sin duda el juego del ajedrez es una gran metáfora de la vida, la muerte y la transmutación. Un ejemplo decidor y trabajado con excelencia inigualable: Hesse y El lobo estepario.

    Un abrazo.

    • Jorge Says:

      Álex, se muy bienvenido al debate. Me siento orgulloso de contar con la tuya y con el resto de opiniones de quienes estáis escribiendo aquí. Lo mejor de la literatura, muchas veces, no es el texto en sí sino todo lo que del mismo pueden extraer mentes abiertas e incisivas como las vuestras.
      Para quienes no te conozcan, Álex, déjame que diga a mis compañeros que te conozco desde que empecé a venerar tu blog, La antigüedad de los días, en el que siempre encuentro un motivo para quedarme mirando al vacío, pensando y reflexionando.
      Jugar con el argumento de que la sociedad, para curarse de guerra y de zafiedad, habría de renacer desde el punto cero, es bastante tentador literariamente hablando. A la práctica no se va a llevar nunca, puesto que el ser humano es tan egoísta que no está dispuesto a sacrificarse en beneficio de un mundo mejor. Pero nos queda el consuelo de la literatura, dentro de la cual todo es posible y cualquier especulación (fundamentada, eso sí) resulta estimulante hasta grados inimaginables en la terca realidad.
      De todos modos, y aun en el imposible caso de que la humanidad decidiera inmolarse para hacerse un favor a sí misma renaciendo de nuevo (el Superhombre de Nietzsche), difícil sería acabar con el lastre de la desigualdad inherente a toda forma de organización social. Siempre habrá gente arriba y gente abajo, los que pisotean y los que son pisoteados, pues el hombre es todavía una potente máquina de instintos (de supervivencia, de competición, de lucha por la procreación…), y lo atávico ya se sabe que cuesta mucho eliminarlo, pues se empeña en alojarse con encono en el subconsciente.
      Ya se ha visto, además, en qué han ido a parar las utopías de sociedades igualitarias, y cómo la anarquía (supuestamente la más ideal de las formas humanas de organización social), no será nunca puesta en práctica porque, precisamente, el ser humano se baña aún en las aguas de sus propios mecanismos biológicos, tan agresivos y siempre tan dispuestos a empujar al hermano al vacío con tal de ocupar su lugar.
      Yo no sé lo que pensareis vosotros, pero visto lo visto, sólo nos queda el mágico, acogedor y calentito refugio de la literatura.

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        La razón de tanta sinrazón ya la apuntó el grande Aristóteles: es naturaleza. El problema en resolver este caos viene de haberle dado una visión culturalista: todo tiene que ver con la estructura cultural de una sociedad, lo cual no es cierto; así está construida la naturaleza (y quizá no sea ni bueno ni malo; la naturaleza es sabia más allá de nuestra racionalidad), lo que ha hecho la sociedad con su conformación es volver hábitos lo que sólo eran instintos naturales… eso ha sido el quid.

        En efecto, mi querido y siempre sorprendente Jorge, la literatura (como la música y cualquier actividad creativa, sea artística o científica) es un cálido, mágico y acogedor refugio… Tanto como no ceder a la desesperanza de que el género humano en su totalidad ya no es regenerable.

      • Jorge Says:

        Hmm, interesante… No había pensado en que quizá no debamos flagelarnos por tener instintos, sino que en todo caso seríamos culpables de emplearlos mal, de viciarlos y transformarlos en un instrumento de uso cotidiano.
        Reflexionaré sobre el asunto, amigo Ernesto. Me has dejado desarmado y estimulado a buscar una vía de reconciliación con la raza. Se aceptan sugerencias bibliográficas que me orienten en este nuevo camino, je je je.

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        Voy a buscar bibliografía ad hoc para sugerirte y para el fin de semana te la mando, amigo.

      • dedalosinalas Says:

        ¡Gracias! Pero no quisiera causarte molestias. Si no lo consigues para el fin de semana, no hay problema. Esperaré lo que sea necesario. Incluso si no consiguieras encontrar nunca esas referencias, aun así me daría por contento porque sé que tú mismo podrías expliccarme sobrada y documentadamente todo aquello que planeara sobre mi cabeza en forma de duda persistente.

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        Por favor, amigo. Es un compromiso contigo el tenerte alguna información para este fin de semana. Sobra decirte que el diálogo contigo es permanente.

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