El cristal

11 agosto 2009

En un bolsillo del corazón
Guardo un pequeño cristal.
Es informe pero no deforme,
Puesto que se muestra como un fragmento
Bien recortado, perfilado
A la medida de su brevedad y de la mía.
Aunque tiene aristas, no hiere,
Y huele como a amor.
Lo recogí en el aire una tarde de verano.
Entró por mi oído, si bien antes
Me besó un momento en mis ganas de llorar de alegría.
Desde el tímpano emprendió
Ascenso libre y vertiginoso
Hacia las pocas pero bien iluminadas
Estancias azules de mi alma.
Allí se quedó y allí está,
Y de allí lo extraigo cada vez que me vuelvo un niño
O un enamorado o un valiente
O un incauto o un fanático de la alegría de vivir.
Ya dije antes que es éste un cristal algo fugaz,
Efímero como sólo lo son
Las horas interminablemente cortas
Que se emplean para recibir caricias deseadas.
Y ahora declaro que este vidrio delicioso
Tiene la azorante virtud
De derramar en la palma de mi mano
El sabor ignoto de unos labios absueltos de toda culpa
Y el tacto de unas vértebras y un espacio de piel sobre las vértebras
Y un calor que ya no se sabe
Si emana de esa dualidad turbadora
O de los dedos (mis dedos) cuyas yemas
Un día ardieron de entusiasmo desesperantemente infantil
Sobre la espalda flexible.
Ese cristal -claro está que lo has adivinado-
Es tu risa.

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5 Responses to “El cristal”

  1. Milo Says:

    Hermoso y muy evocador, cala hondo este poema, ebullen las reminiscencias y los recuerdos gratos.

  2. Ernesto Cisneros-Rivera Says:

    No falta ni sobra una sola palabra ni un solo punto. Me dejas sin palabras. ¡Aún puede hallarse belleza dentro de lo hermoso, increíble!

    Íntimo, con ese sabor agridulce de la nostalgia (pero de la rica), lleno de esperanza, y se puede percibir tu sonrisa cuando lo escribiste.

    Gracias por regalarnos esto, Jorge.

  3. Jorge Says:

    Bueno, tenía la sensación de que algunos versos podían resultar algo cursis. Yo soy más crudo y áspero de lo que me muestro en este poema, y a veces no saco a mi particular pájaro azul con más asiduidad precisamente por miedo a parecer recargado o afectado.
    No me gusta el sentimentalismo melodramático, y por eso me contengo todo lo que puedo y me lo pienso dos y mil veces antes de escribir cualquier verso amanerado del que pueda arrepentirme.
    Pero es que su risa… ah, esa risa bien merece que me trague mis remilgos…

    • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

      Bien sabes que no puedes ser ni sentimentaloide ni melodramático. Tu parte dulce del alma te hace un autor también excelente. Creo que el que explotes todas tus facetas y visiones nos dará un bardo y un prosista de sumo completo.

      Además, nos sigues sorprendiendo y eso, mi querido amigo, es tan difícil de lograr…

      Por favor, no te reprimas.

      • dedalosinalas Says:

        Qué hermoso poder sorprender, sobre todo en un mundo en el que ya todos parecemos haber perdido la inocencia. Si realmente es así como dices, merece la pena el insomnio que estoy padeciendo en esta madrugada preñada de frustración por no encontrar las palabras que necesito para expresar cierto sentimiento de alienación que me viene empujando el ánimo desde hace ya un tiempo.

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