As time goes by

5 septiembre 2009

En el mundo hay muchos poemas.
Hay poemas grandes y pequeños,
Gordos y flacos,
Listos y torpes.
Los hay por todas partes,
Poemas que nacen y ríen en todas direcciones
Y hasta cabeza abajo.
En el mundo hay poemas a cada rato.
Poemas solitarios
Y poemas que viven dentro de otros poemas.
Poemas abnegados y poemas nacionalistas,
Y de amor y de odio
Y amalgamados y patas arriba.
¡Mira, papá, dos poemas volando en el cielo! ¡Van cogidos de la mano!
Abuelo, escuche con atención y oirá el dulce zumbido de los poemas del parque.
El mundo es un verso infinito
Hecho de poemas concatenados
Que Dios dibujó para disculparse
Por esta vida incoherente
Que nos arrojó como regalo envenenado.
Todo está impregnado de palabras dulces,
Todo es un vergel inaudito de colores, olores, dolores y amores
Deseosos de imbuirse en las almas.
Es una fiesta todo esto que nos rodea.
Una lucha cálida y sensual entre la vida y la muerte.
Y, por si la realidad preciosa no fuera suficiente,
Existe siempre la posibilidad de soñar.
Entonces, es ya el momento de formular mi pregunta:
¿por qué permanezco aquí sentado
Esperando el poema que nunca llega?

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7 Responses to “As time goes by”

  1. Ernesto Cisneros-Rivera Says:

    Porque éste es el inicio de ese poema…

    Delicioso, hermano. Lleno de candor infantil y de esa constante búsqueda que ha empujado al hombre desde su presencia en esta bola azul.

    • Jorge Morato Cadenas Says:

      Lo gracioso es que cada cual cree buscar una cosa distinta y, sin embargo, en el fondo todos buscamos lo mismo. La culpa la tiene otro de los regalitos envenenados que nos arrojó Dios: el libre albedrío.

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        El regalito no lo envenenó Dios. La perversa sustancia se la hemos puesto la raza humana.

        Por eso cada quien elige el camino más complicado para llegar a eso mismo que todos buscamos en el fondo.

      • Jorge Morato Cadenas Says:

        Quizá no lo envenenaría con mala intención, e incluso puede que lo envenenara por descuido, por pura inocencia despreocupada. Pero, en su perfecta bondad, nos quiso hacer tan perfectamente libres que nos dio la posibilidad de elegir entre todas las opciones posibles sin calcular, en su perfecta ingenuidad, las consecuencias que ello conllevaría: la imposibilidad de ser feliz que resulta en muchos de los que no sabemos manejar esa libertad.
        La culpa es nuestra por ser débiles y dubitativos, pusilánimes tal vez pero, ¿no fuimos hechos a su imagen y semejanza? ¿Dónde está, por tanto, la perfecta capacidad para no equivocarnos?

      • Ernesto Cisneros-Rivera Says:

        Visto así, implicaría entender a Dios como un ente “humano”, imperfecto y perfectible, hasta incluso por debajo de su creación, negando entonces su esencia.

        La sabiduría divina es plena, infinita y perfecta. Carente de cualquier etiqueta moral de buena o mala.

        Ser imagen y semejanza de Dios expresa la potencialidad a la cual podemos aspirar, pues todos tenemos los mismos elementos divinos. No obstante, uno de los rasgos esenciales del amor divino (y que es el ejemplo por seguir para cualquier amor) es la libertad, dictada por la sabiduría divina. Por ello, al amarnos Dios, nos da plena libertad y nos hace vivir para que aprendamos y sepamos llegar a ser uno en Él.

        El abuso de esa libertad, el no respetar lo que es esencia natural del humano y volverlo en hábito vicioso, es lo que acaba envenenando (cual más, cual menos) esa imagen y semejanza divina que el humano trae en sí.

        Los seres humanos somos los imperfectos y no, Dios.

        Con observar a detalle la creación, podríamos llegar a descubrir por nosotros mismos esa sabiduría divina y ese amor. Los puso ahí para que los descubriéramos por nosotros mismos (que es la mejor manera de aprender y aprehender algo, a través de la experiencia y la razón). El no hacerlo, es lo que no has llevado por sendas tortuosas.

        ¿Por qué no lo evita Dios? Porque Dios no puede contradecirse, y si interviene estaría violando su precepto de libertad.

      • Jorge Morato Cadenas Says:

        Vaya por delante que yo, entre mis múltiples lagunas de conocimiento, poseo una especialmente grande: la dedicada a la escolástica y a la teología. En esto, por razones que tú y yo sabemos, siempre me vas a vencer en cualquier debate ideológico que pueda surgir entre nosotros.
        Pero, como no se trata de vencer ni de luchar, sino que en mi caso se trata de aprender y, en el tuyo, estoy seguro que de compartir con desprendimiento tu vasta cultura, sigo la conversación:
        Convengo contigo en que los seres humanos somos los imperfectos y no Dios, pero, ¿acaso somos culpables de esa falla nuestra? ¿Acaso se nos ha enseñado a usar bien esa libertad de la que disponemos?
        De la misma forma en que a un niño hay que educarlo, y de la misma forma en que un prisionero ha pasado largos años en la cárcel y es liberado de repente mediante una inesperada medida de gracia, los seres humanos no sabemos qué hacer con el infinito de posibilidades del que disponemos.
        Ser libres implica muchas consecuencias, y no siempre las de acercamiento a Dios o de comprensión y aprehensión de la Creación. A veces nos desviamos o, simplemente, nos perdemos. Las mismas posibilidades existen de elevarnos a lo místico que de revolcarnos en el infierno. Muchos nos sentimos en una nada, en un laberinto inmenso lleno de caminos que son iguales unos a otros, con lo cual nos vemos imposibilitados de elegir hacia dónde encaminar nuestros pasos.
        Un Dios que nos lo da todo es bueno, no lo dudo, pero también un poco descuidado, porque a la vez que nos ofrece el universo nos da la espalda cuando le preguntamos “¿cuál es la senda más idónea?”. Si su bondad fuera tan evidente, si el regalo (que sigo considerando envenenado) de su libertad fuera realmente tan precioso, la fe tendría que estar brotando en la Humanidad por la fuerza de la evidencia, y entonces Kierkegaard no habría escrito su “Temor y temblor”, la más desesperada llamada de auxilio a un Padre que no sabe o no quiere o no puede comunicarse con sus hijos, encadenados a una libertad que desoriente y anega nuestro sentido de pertenencia a un Todo.

  2. Ernesto Cisneros-Rivera Says:

    Claro, mi querido Jorge, bienvenida la discusión, pues permite siempre aclarar las ideas, sea que se logre un consenso, sea que cada quien se mantenga en su postura.

    El quid del asunto está en querer captar a Dios con la razón y tratar de definirlo, para explicar el mundo. A Dios no se le puede abarcar con la razón, pues ésta sólo es aplicable a la realidad sensible, y siempre se producirán respuestas cojas. El ser original, llámese Dios o llámese el ser (para quien no sea creyente) comparte la misma definición que la nada, no se les puede predicar (lo dijo Hegel), aquél por ser todo y ésta por no serlo.

    Las dudas tuyas y de Kierkegard ya fueron planteadas en la Edad Media cuando la peste del siglo XIV diezmó a la población europea, a pesar de que todos creyeron que Dios lo iba a evitar y no fue así. Ante el riesgo de un daño moral mayor (la pérdida de toda fe), el máximo filósofo medieval y escolástico, Guillermo de Ockham concluyó que a Dios sólo se le podía abarcar con la fe, nunca con la razón, pues ésta es limitada para comprenderlo en su plenitud.

    Con el transcurso del pensar humano y del devenir de la sociedad, se confirmó esto y además quedó establecido que a Dios, o al ser origen de todo (que no es material), sólo se le puede describir, o sea, decir en qué consiste (indicar sus atributos), pues como todos somos partes de ese todo absoluto, es imposible que las partes tengan la visión completa de su todo (su origen) y se le pueda entonces definir.

    El problema de tu sentir y el de muchas personas, se origina no en el concepto de Dios, sino en la manipulación que se ha hecho socialmente de Dios. Aristóteles fue el gran pensador que comprendió que lo que regía era la naturaleza y al observarla y comprenderla es que se entendería toda esta relojería que se llama mundo (en el que estamos incluidos los humanos). La razón es lo único que nos diferencia del resto de los seres vivos, por lo que compartimos con éstos los instintos (que carecen de todo valor moral). Cuando nuestros instintos se “socializan” es que se vuelven hábitos y algunos de ellos son los perversos.

    De dos siglos a la fecha, todo se achaca a los efectos de la cultura, de la socialización, lo cual es incorrecto, pues sólo busca justificar conductas antinaturales, entendiéndose como injustas, discriminatorias, abusivas, etc. Dentro de esta “racionalización” (que es la manipulación del razonamiento con fines inadecuados), entra el hecho de exaltar el éxito, la seguridad, la garantía y denostar la falla, la incertidumbre y el albedrío.

    No se trata de etiquetar en buenos y malos, perfectos e imperfectos, certezas y dudas, éxitos y fracasos. Reducir a ese extremo las cosas contiene el peligro de confundir y jamás encontrar una respuesta.

    Dios sí ha dicho cómo y por dónde andar, pero no entregó un manual ni ha bajado a dictar cursos para ello. Si ha fallado nuestra capacidad natural, instintiva, de observar la creación y entender su funcionamiento perfecto, lo que implica respeto, ha habido congéneres geniales que sí han podido observar, aprender y aprehender esa realidad y nos lo han transmitido. Es cuestión de ir hacia ellos (todos ellos profundos pensadores) para desvelar las respuestas y convertirlas en vivencias propias, que es la única forma de interiorizar cualquier conocimiento para que produzca una transformación.

    El libre albedrío que calificas de regalo perverso, no es libre albedrío sino una libertad distorsionada por la cultura y la sociedad, por el hombre mismo y que se ha convertido en un hábito nefasto que se pasa de una a otra generación.

    Tú ya estás en el paso de inconformidad. El camino por seguir es buscar las respuestas en los lugares correctos y no, en el mismo entorno negativo y perverso (creado por el ser humano, no por Dios) porque se vuelve un círculo vicioso en el que nos hundimos más en la negrura y la soledad dañina.

    Jamás olvidar que primero son las ideas y después, los movimientos y las acciones que llevan a la transformación. Por ello, para entender por qué estamos en este momento histórico tan desastroso, hay que entender desde dónde ha venido el hombre para llegar hasta acá, y el único modo es a través de conocer y entender las formas de pensamiento que están detrás.

    El verdadero fin del humano no es ser feliz o amar o cualquiera de esas ideas preconcibas socialmente. El verdadero motor del ser humano, de todos sin excepción, es comprender. ¿Qué? La realidad y a sí mismo. Cuando no comprendemos es que tememos y sufrimos.

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